Mi pareja no es machista

¿Se considera usted feminista? La pregunta no es fácil de responder en una encuesta, pues no todo el mundo entiende lo mismo cuando se trata de definir en qué consiste ser una feminista moderna. Todos están dispuestos a defender la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, pero el calificativo de feminista tiene todavía una connotación de activista militante, que sigue viendo a la mujer como víctima oprimida. Sea porque se considere una actitud ya innecesaria, sea porque se vea como demasiado radical, no todas las mujeres están dispuestas a ponerse la camiseta de feminista.

Así lo revela una encuesta llevada a cabo por el YouGov-Cambridge Globalism Project, realizada entre 25.000 personas de 23 grandes países. Esta iniciativa forma parte de un proyecto conjunto entre un instituto de la Universidad de Cambridge y The Guardian, para medir la opinión sobre temas que influyen en la globalización. En el caso del feminismo, el propio diario británico parece sorprendido por los resultados. Países que deberían ser la vanguardia del feminismo resultan tener muchas menos autoidentificadas feministas de lo que cabría esperar.

El diario británico pone como caso paradigmático entre los países desarrollados el de Dinamarca, en el que solo una de cada cuatro mujeres se considera feminista, porcentaje al nivel de México e inferior al de Turquía. Si se tiene en cuenta al conjunto de la población, el porcentaje de daneses feministas baja a uno de cada seis. La proporción contrasta con la de la vecina Suecia, que encabeza la clasificación con un 46,6%. Pero también es inferior a la de países como Italia, España o Reino Unido, que están por debajo de Dinamarca en lo que se refiere a igualdad de género.

Más arriba o más abajo, en ningún país la proporción de feministas supera el 50%, lo que también lleva a plantearse hasta qué punto las asociaciones feministas pueden hablar en nombre de todas las mujeres.

Quizá el hecho de declararse o no feminista no tiene mucho que ver con la situación real de la mujer en un país. En este sentido, Dinamarca es uno de los mejores países del mundo para ser mujer, si nos fijamos en la escasa brecha salarial, en los derechos laborales, en la conciliación y en los servicios de guardería gratuitos. A lo mejor por eso no se ve mucho sentido a presentarse hoy como feminista reivindicativa. Pero en Suecia la situación es similar, y la proporción de feministas es casi el doble. Y en la Alemania de Merkel hay bastante menos feministas que en los EE.UU. de Trump.

No es fácil interpretar los resultados, pero parece que la adscripción al calificativo feminista depende más del clima de opinión pública que de los datos reales sobre el bienestar femenino. The Guardian recuerda que incluso la ministra de Igualdad de Dinamarca, Karen Ellemann, declaró al ser nombrada hace tres años que no se consideraba feminista. Imagínese lo que se diría si su homóloga española dijera la mismo.

Pero los daneses no se conforman solo con sacudirse el calificativo de feminista. Tampoco les gusta mucho el #MeToo. Dos de cada cinco tienen una opinión negativa del movimiento. Solo el 4% de los hombres y el 8% de las mujeres danesas dicen tener una impresión “muy favorable” del #MeToo, porcentaje realmente bajo comparado con el 19% y el 24% del conjunto de países de la encuesta.

También es curioso que #MeToo se haya convertido en el movimiento que encarna el cuaderno de quejas de la mujer de hoy, cuando la gran mayoría no tiene una buena opinión del clima que ha desencadenado. Así, algunas danesas interrogadas por The Guardian lamentan que algunos hombres teman interactuar con las mujeres en el trabajo, por temor a ser acusados de algo.

Y es que en esto de las relaciones entre hombres y mujeres, una cosa es la opinión sobre el feminismo o el machismo en general y otra lo que a mí me afecta. Cuando en el pasado Día de la Mujer los medios españoles competían en publicar artículos reivindicativos a favor de la mujer frente a la discriminación, la brecha salarial, la precariedad laboral y la violencia machista, que, por lo visto, predominan en la sociedad española, una encuesta de Sigma Dos para El Mundo preguntó: “¿Su pareja es machista?” El 77% de las mujeres dijeron que no, el 11,9% que sí, y el 11,2% no sabe/no contesta. O sea, la inmensa mayoría de las mujeres españolas han tenido una gran suerte, porque en esta sociedad que oprime a la mujer su pareja es una excepción. El hombre en general es un machista, pero mi hombre es encantador.

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Testamentos bajo demanda

En las encuestas siempre hay una brecha entre lo que la gente opina sobre un asunto y lo que hace personalmente cuando le afecta. Así ocurre con la eutanasia. Si hemos de creer a las encuestas, en España habría una mayoría a favor. Es verdad que en este debate el resultado puede ser muy distinto según se formule la pregunta. Lo que mucha gente quiere decir cuando apoya la eutanasia es que no desea morir con dolores insoportables prolongando artificialmente su fase terminal. Pero esa muerte digna puede conseguirse también con cuidados paliativos y sin inyecciones letales.

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Marihuana: entre el mercado negro y el legal


Una de las razones más invocadas para legalizar la marihuana es la de arrebatar el mercado a los narcotraficantes y gravar con impuestos este negocio. El cannabis vendido sería más seguro y los consumidores no tendrían que entrar en contacto con la distribución clandestina. Suena bien. Pero la experiencia de algunos países que han legalizado el cannabis demuestra que el mercado negro es un competidor tozudo. Así lo está experimentando Canadá, que dio carta blanca a la marihuana hace seis meses.

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Cuando lo preocupante es la emigración

Hay países europeos donde el freno a la inmigración se ha convertido en una preocupación nacional y en motivo de polémica política. Pero hay otros en los que lo que preocupa a la gente es cómo evitar la emigración, que está dejando exhausto al país. Rumanía es el caso más sangrante en Europa.

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La industria de la felicidad

Ser feliz se ha convertido en nuevo imperativo, tanto personal como social. Por una parte, se nos dice que la felicidad se puede aprender y que depende de la actitud personal. Por otra, el Estado del bienestar ya no solo debe preocuparse de garantizar las necesidades básicas, sino que debe promover la felicidad ciudadana. Incluso se publica un World Happiness Report, que pretende medir cada año lo felices que se sienten los ciudadanos de 156 países, y establecer un ranking mundial. Pero ya debería ponernos en guardia el hecho de que en la Venezuela de Maduro se haya creado un Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo, aunque no tenga nada que ver con el suministro eléctrico ni alimentario.

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La eutanasia y el genio de la lámpara

Siempre que se intenta legalizar la eutanasia, las asociaciones y políticos que la proponen aseguran que responde a una demanda social. Habría que quitar esa barrera última que impide a la gente “morir con dignidad”, por el dolor o la incapacidad. La ocasión más oportuna puede ser un caso de muerte por compasión, como el reciente de María José Carrasco, la sexagenaria enferma de esclerosis múltiple a la que su marido ayudó a suicidarse, después de haberla cuidado abnegadamente durante treinta años. Su acción habría sido un último gesto de amor para un ser querido que está cansado de sufrir. Lejos de merecer un reproche, sería la demostración de que hay que autorizar la eutanasia para este tipo de casos límite.

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La política del resbalón mediático

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La política es cada vez más representación, espectáculo ofrecido a través de los medios. Se compite para captar la atención del votante y escenificar que uno es más creíble que el rival. Dentro de esta lógica mediática, la contienda electoral atiende menos a los programas que a los personajes, que son los que pueden suscitar interés. Y, en vez de debatir ideas y estrategias para solucionar problemas, se espera o se provoca el resbalón mediático que puede arruinar la imagen del otro.

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No es bueno ni para el Chapo

El retroceso de la pena de muerte en EE.UU. se ha visto corroborado por el reciente anuncio del gobernador de California, Gavin Newsom, de imponer una moratoria en la aplicación de la pena capital en el estado. La cámara de ejecuciones del penal de San Quintín, tantas veces recreada en el cine, será cerrada. No cabe duda de que se trata de acabar con este castigo.

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La islamofobia de lobos solitarios

Ante masacres terroristas como la de Christchurch en Nueva Zelanda, siempre hay la disyuntiva de atenerse a la autoría de un lobo solitario o ver el acto criminal como fruto de una hostilidad generalizada contra la comunidad que lo sufre. No cabe duda de que Breton Tarrant apretó el gatillo en las dos mezquitas movido por su odio contra los musulmanes como grupo, algo que él mismo refleja en su manifiesto online. Pero ¿quiere esto decir que Tarrant ha sido solo el brazo armado de un prejuicio social contra el islam, alimentado por un clima de opinión política y mediática?

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Transexuales y juego limpio

La ideología oficial del momento mantiene que la identidad de género depende de lo que uno “siente”, no de su sexo biológico. En su versión más radical, las consecuencias jurídicas de la identidad sexual dependerían solo de una “autodeclaración”, que debería ser aceptada por todos, sin más comprobaciones ni requisitos. Pero ¿qué ocurre cuando esta teoría se aplica a una actividad como el deporte, donde cuenta tanto lo biológico?

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