Minorías acreditadas

La Academia de Hollywood acaba de anunciar una serie de criterios de diversidad que deberán cumplir las películas para que puedan optar al Oscar. El objetivo es que estén más representadas, tanto delante como detrás de las cámaras, algunas minorías que se consideran poco representadas actualmente en la industria cinematográfica. Las minorías son: mujeres, colectivo LGTB, minoría racial o étnica y discapacitados. La iniciativa ha recibido tanto aplausos como críticas. Pero lo que me llama la atención es que el grupo de minorías a realzar sea tan poco diverso. Parece que hoy día también el campo de las minorías está repartido entre unos pocos grupos que acaparan la condición de víctimas discriminadas y el amparo de las protecciones legales. Lo que lleva a preguntarse cómo se accede hoy a la ansiada condición de “minoría”, y si no habrá otros grupos discriminados también en el cine.

Que las mujeres en general sean consideradas “minoría” ya indica que la calificación no es solo cuestión de números. En el caso del cine, como actrices en papeles destacados siempre ha habido, supongo que lo que se intenta es promover que haya más mujeres en el proceso de creación de películas. De hecho, es una evolución que ya se está notando. Como en cualquier otro campo, hace falta una masa crítica de mujeres que escojan esa profesión, para que con la competencia y la experiencia alcancen puestos significativos. Así ha ocurrido en la docencia universitaria, en la medicina, en la comunicación y en tantos otros campos donde las mujeres han dejado de ser minoría.

También se puede alcanzar el estatus permanente de minoría por una discriminación pasada, aunque la situación haya cambiado radicalmente. En el caso del colectivo LGTBQ+ (añádanse letras a voluntad), es discutible que en Hollywood sea una “categoría poco representada”. La Gay & Lesbian Alliance Against Defamation (GLAAD) recopila cuidadosamente la cantidad, cualidad y diversidad de los personajes de este colectivo aparecidos en el cine y en la televisión. De sus datos resulta que en 2019, de 118 films producidos por los siete mayores estudios, 22 (es decir, el 18,6%) contenían personajes identificados como LGTB. Esto equivale a 50 personajes, con predominio de los hombres (36) sobre las mujeres (14).

En el caso de la ficción televisiva, según los datos de la GLAAD de la temporada 2019-2020, de 879 personajes aparecidos en el prime time de las cadenas, 90 (el 10,2%) se identificaban como LGTB. Este es “el porcentaje más alto” que GLAAD ha encontrado en los quince años que lleva realizando el informe. Los números crecen en el caso de las series de plataformas (Netflix, Amazon y Hulu), donde se encuentran 153 personajes LGTB.

Si tenemos en cuenta que, según sondeos de Gallup, no más del 4,5% de la población de EE.UU. se identifica como LGTB, resulta que en el cine y la televisión este colectivo está abundantemente sobrerrepresentado. Si esto ocurre entre los personajes, será porque un creciente número de creadores y productores son del mismo signo o han adoptado ese patrón cultural. Y no parece que este desequilibrio vaya a cambiar si uno de los tres posibles criterios de diversidad que se exigirán para los Oscar es que “el argumento se centre en mujeres, LGTB, grupo racial o étnico o discapacitados”.

Otro de los criterios de la diversidad de Hollywood exige que “al menos un actor de un grupo racial o étnico poco representado tenga un papel significativo”. La Academia –siguiendo la clasificación de la Oficina del Censo– entiende por minorías raciales las de “asiático, hispano, afroamericano, nativo americano y de Alaska, de Hawái o de otras islas del Pacífico, de origen de Oriente Medio o África del Norte, así como otras etnias o razas poco representadas”. Para entendernos, podían haber dicho que basta que no sea blanco, pero esto hubiera sonado poco inclusivo. No parece un criterio difícil de cumplir, aunque dependerá del género del film. En una película sobre la mafia será arduo incluir a un actor hawaiano para hacerlo pasar por italoamericano. Tampoco hay que perder de vista que en el censo americano uno declara su origen racial según su apreciación subjetiva, lo que, a efectos de los Oscar, puede dar lugar a discusiones no fáciles de resolver. Pero ahora que el “sexo asignado al nacimiento” no parece definitivo para algunos, también habrá que estar a lo que cada uno sienta sobre su raza.

Nadie negará el carácter de minoría a los discapacitados. El problema en el cine es que hay pocos personajes “con capacidad diversa”, y, cuando los hay, a menudo el papel se adjudica a actores de capacidad “normal”. Por eso una reivindicación de los actores discapacitados ha sido que ese tipo de papeles se les ofrezcan a ellos. En estos tiempos de denuncias por “apropiación cultural”, ¿habrá que admitir que solo un discapacitado puede hacer de discapacitado? ¿Habría que negar a Dustin Hoffman su caracterización de autista en Rain Man y sacar a François Cluzet de su silla de ruedas en Intocable?

En todo caso, cabe plantear por qué las minorías poco representadas se reducen a estas cuatro categorías. ¿Qué decir de los viejos? ¿No hay una patente discriminación por la edad? Y, sin embargo, todos sabemos que pueden hacerse muy buenos películas con actores mayores: basta recordar Gran Torino, Nebraska, Una historia verdadera

Y si se trata de minorías poco representadas en la pantalla en comparación con su presencia en la sociedad, creo que habría que reservar algunos papeles para amas de casa dedicadas a su familia o maridos fieles a su mujer, gente que reza y vecinos de pueblos, que no todo pasa en las grandes ciudades.

Pero da la impresión de que en bastantes casos la búsqueda de la diversidad –tanto en Hollywood como en otros sitios– es muy monolítica y que el elenco de minorías a proteger está regido por un numerus clausus ideológico.

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