La inmortalidad del cuerpo

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La inmortalidad del alma siempre ha dado materia para el debate filosófico. Pero hoy encontramos materialistas que en lo que creen es en la inmortalidad del cuerpo. Para ellos el gran objetivo de la ciencia debe ser acabar con la muerte, o, por lo menos, retrasarla hasta extremos que hoy nos parecen infranqueables. El movimiento transhumanista, que pretende potenciar con la tecnología el cuerpo y la mente del hombre, es la nueva frontera de Silicon Valley.

Este es el empeño también del británico Aubrey de Grey (Londres, 1963), que dirige la fundación de investigación SENS (Strategies for Engineered Negligible Senescence). A su paso por Madrid watermelon viagra que: “Pensar que podemos vivir 1.000 años es una cifra conservadora”. Promesas de este tipo parecen más propias de un chamán que de un científico, pero se trata de un ingeniero, un biogerontólogo, convencido de que lo imposible está al alcance de la mano. De Grey reconoce que envejecer es un proceso natural, pero piensa que la medicina puede evitarlo y que es muy probable que esta medicina pueda desarrollarse en los próximos veinte años.

Con su mentalidad de ingeniero, ve el cuerpo humano como una máquina muy compleja, pero cuyo desgaste es reparable. Dice haber identificado siete categorías de daños, con la idea de desarrollar terapias génicas para remediarlos. Y en eso está. A sus 53 años, su propia trayectoria vital será el banco de pruebas de su teoría y de sus terapias.

Pero da la impresión de que no ha pensado mucho en las consecuencias de un posible éxito. Ahora que el futuro de las pensiones está en el alero, ¿cómo financiar la de jubilados milenarios? Cabe suponer que ya para entonces la misma idea de jubilación habrá desaparecido, pero ¿no estarán condenados los supervivientes a una vida de trabajos perpetuos? ¿Cómo evitaríamos la tan temida superpoblación si, en vez de la sustitución de generaciones por la muerte, tenemos una creciente acumulación? Y dado que el propio De Grey reconoce que las terapias génicas serían caras, ¿no acabarán siendo un privilegio de ricos? Ya no nos quedaría ni el consuelo de que la muerte iguala a todos. Al final, tendría que ser el Estado el que determinara quién debe vivir y quién morir, quien puede reproducirse y quién no, con lo cual tendría unos poderes más propios de un Estado totalitario.

Pero, incluso al margen de estos pormenores prácticos, cabe preguntarse si sabríamos qué hacer con esas vidas interminables. Cuando el entrevistador objeta a De Grey que hay gente cansada de vivir, que lo último que quiere es prolongar indefinidamente su existencia, responde que “hay que ver por qué la gente se cansa de vivir. Una de las razones es que no invertimos lo suficiente en educación, no le damos a la gente las suficientes habilidades para sacar lo máximo de estar vivos”.

Pues puede ir a investigarlo en Holanda, cuya población es de las más educadas. Holanda es también el país pionero de la eutanasia, y allí se ha visto con rapidez la deriva de esta práctica. De la eutanasia para el paciente incurable con dolores insoportables, se ha pasado al enfermo no terminal con sufrimiento psíquico, y de la eutanasia voluntaria a la del enfermo sin capacidad para decidir. Ahora se avecina un nuevo paso, con la Face tingling after using viagra produts | El Sónar de ofrecer también una “muerte digna” a quienes piensan que su vida está ya “completada”.

En un mensaje dirigido al Parlamento el gobierno indica su intención de permitir la eutanasia de “personas que hayan llegado a una conclusión bien meditada de que su vida se ha completado”. No se habla de un límite de edad, con lo que la decisión podría adoptarse a edades diversas. En último término, todo el que se suicida piensa que su vida está completada. Pero la idea de que un viejo ha agotado su vida, puede suponer también una presión más por parte de su entorno familiar para animarle a despedirse de este mundo, o incluso por parte del Estado deseoso de soltar el lastre de vidas no productivas.

A no ser que De Grey descubra una terapia génica para curar la falta de deseo de vivir, su promesa de existencia milenaria podría convertirse en una amenaza para muchos. Y la eutanasia aparecería como la solución frente a una vida indignantemente larga. Al final, la aceptación de la muerte natural resulta la solución más humana frente a la pretensión de alargar la vida indefinidamente o ante el deseo de acortarla por estar cansados de vivir. Se revela así una de las paradojas de nuestra civilización: su confianza en la técnica para amarrarnos a la vida y su incapacidad para proporcionar razones para vivir. Pero el aumento de la esperanza de vida puede convertirse en una pesadilla cuando se vive sin esperanza.

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Una respuesta a La inmortalidad del cuerpo

  1. Jesus Alberto Ortega dijo:

    Excelente artículo. El sentido de la vida, el comprender que nacimos para, por medio del amor y el servicio, servir a otros, buscar la verdad y el bien, para merecernos la vida eterna, va más allá y es mejor razón para vivir, que alcanzar solo más años de vida.
    Felicitaciones.
    Jao

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