La fe en la ciencia

Isaac Newton
La Fundación BBVA ha presentado los resultados de un , basado en una amplia encuesta entre 16.500 personas de 11 países europeos más EE.UU. (1.500 entrevistas en cada país). Anteriormente, con la misma muestra, había realizado otra encuesta sobre el nivel de comprensión científica de la población adulta; esta segunda parte se centra en las percepciones y valoraciones acerca de la ciencia.

Los resultados muestran una valoración muy positiva de la ciencia y de sus aplicaciones. Los científicos y los médicos son, además, los grupos profesionales mejor valorados y en los que más se confía, por su contribución al bienestar y avance de la sociedad. Resultados nada sorprendentes, en una época y en unas sociedades donde la preocupación por vivir más tiempo y con más confort ha suplantado a la pregunta por el sentido de la vida.

Lo curioso es que esta admiración por la ciencia tiene más que ver en muchos casos con la confianza ciega que con el método científico. Según la primera parte de la encuesta, publicada el año pasado, mientras que más del 50% de los encuestados en Dinamarca, Países Bajos y Alemania presentaba un nivel alto de conocimientos científicos (media de 15 respuestas correctas de las 22 preguntas realizadas), España e Italia se quedaban en el nivel más bajo (promedio de 11,2 preguntas correctas), siendo la media europea 13,4.

Sin límites

Esta insuficiencia de conocimientos –o quizá precisamente por ella– no impide que los españoles estén entre los europeos más entusiastas ante los avances científicos y más abiertos a casi cualquier innovación. Hasta el punto de que el 47% piensan que la ética no debería poner límites a los avances científicos, frente a un 41% que opinan que sí. Quizá sea por el modo de hacer la pregunta (con esa contraposición entre límites y avances), pero es llamativo que casi la mitad de los encuestados piensen que las investigaciones científicas no deben estar sujetas a ningún razonamiento moral, con lo que se cargan de un plumazo desde la bioética a la deontología de la investigación. Hasta el doctor Mengele, el médico nazi, podría trabajar a gusto con esa libertad. Probablemente no quieren aparecer como gente conservadora con remilgos éticos que aún se pregunta si todo lo que se puede hacer se debe hacer. Afortunadamente, todavía el 54% de los europeos piensan que la ética sí debe poner límites.

Si los límites de la ética salen tan mal parados, qué cabe esperar de los límites de la religión. En todos los países predomina la percepción de que la religión no debería poner límites a los avances científicos, con un 72% de media europea, que en el caso de España –siempre más extremosa– sube hasta el 80%.

Para todos aquellos que no podrían citar más científico que Galileo, no viene mal recordar que no pocas veces la oposición religiosa ha sido un factor clave para frenar no los avances de la ciencia, sino prácticas supuestamente científicas y progresistas en su época, que hoy nos parecen inaceptables. Así ocurrió, por ejemplo, con la oposición católica al movimiento eugenésico en EE.UU. y Alemania a principios del siglo XX, cuando se imponían esterilizaciones forzosas de personas con enfermedades hereditarias, prolegómeno de lo que luego se extendería a la liquidación de enfermos mentales en la Alemania nazi.

También hoy la resistencia de las Iglesias a que el embrión humano sea utilizado como material de laboratorio y proveedor de células para investigación, es un signo de que la religión y la ética defienden la dignidad humana, un concepto ya superado para los que solo siguen un criterio utilitarista.

Cuando se pregunta sobre la relación entre ciencia y religión, en general, en Europa como media el 45% dice que están en desacuerdo, un 10% que van de acuerdo y un 35% que no existe relación (proporciones parecidas en España). Sin embargo, ante la pregunta de si se puede creer en Dios y a la vez en la teoría científica de la evolución, el 61,8% de los europeos y el 62,3% de los españoles responden que sí, para desesperación de Dawkins y compañeros ateos.

Es probable que la pretendida oposición entre las explicaciones de la ciencia y la religión se deba a formulaciones innecesariamente enfrentadas. Así, cuando en la encuesta se trata del origen del universo, se ofrecen dos alternativos: a) la creación del universo fue un acto de Dios, b) la creación del universo se produjo a partir de una gran explosión sin intervención divina. En realidad, el acto creador de Dios y la teoría del Big-Bang no son excluyentes, al menos no lo fueron para el primero que formuló la teoría de la expansión del universo en 1929, el físico belga Georges Lemaître, que además era sacerdote católico.

Que investiguen otros

Cabría esperar que este notable prestigio de la ciencia entre los españoles se tradujera en una creciente dedicación hacia los estudios científicos. Pero no. Según estadísticas recién publicadas, a la hora de elegir carrera solo el 5,9% de los alumnos se decantan por las carreras de Ciencias experimentales, donde la oferta de plazas supera con mucho a una demanda que ha ido a menos. Ocurre lo contrario en Ciencias de la Salud, que es el sector donde la demanda supera más ampliamente a la oferta, y que acoge al 17,4% de los alumnos. Da la impresión de que nuestra expectativa ante la ciencia es que va a traer grandes beneficios, siempre y cuando investiguen otros.

El insuficiente nivel de conocimientos y el escaso atractivo de los estudios científicos relativiza un tanto la admiración declarada hacia la ciencia. Más bien parece que se trata de una cuestión de fe y de una aceptación del argumento de autoridad del experto. Por una rutina inveterada se tiende a plantear la disyuntiva entre ciencia o fe. Pero lo que revelan estas valoraciones es que profesamos la fe en la ciencia.

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5 respuestas a La fe en la ciencia

  1. Ma. Elena Melgarejo dijo:

    Esclarecedor artículo para quienes piensan que la ciencia y la fe son incompatibles. A pesar del documento Fides et Ratio, que en su pereza pocos han leído y muchos menos han profundizado debidamente. Como Einstein decía, es más fácil deshacer un átomo que un prejuicio y de Galileo no salen. Siguen aferrados a la idea de que la religión estorba al progreso científico, sin pararse a ver que se defienden derechos inalienables como la vida en su inicio a su fin natural y que el universo no surgió de manera espontánea sin la intervención de Dios, aunque se le llame Big-bang. Como es sabido de la nada, no hay más que nada.

  2. José Miguel dijo:

    Este magnífico artículo-análisis, me recuerda que la ciencia requiere esfuerzo y que como decía Séneca “hay cosas que no hacemos, no por que sean difíciles, sino que son difíciles porque no las hacemos”

  3. Manuel Seminario Pintado0 dijo:

    La ciencia con la religiòn , aun que no lo crean, son y lo seran,en lo futuro, altamente compatibles. Hoy, en el presente , la ciencia sigue demostrando y seguirà demostrando como trabajò Dios para crear este mundo , y como lo sigue sosteniendo con sus maravillosos principios fisicos.
    En el futuro ,con el avance aun màs de la ciencia , èsta ayudara ayuda a la religiòn a que los ateos encuentren y conozcan a Dios.

  4. jabalí dijo:

    ¿fe en la ciencia?…… ¡Dios me libre!

  5. jabalí dijo:

    a poco que te descuides: ¡te eutanasian por inservible!

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