Consejos de África a Europa

Siempre se ha considerado un signo de madurez de una joven Iglesia el momento en que puede disponer de un clero autóctono. Por eso si las viejas Iglesias europeas no logran autoabastecerse de sacerdotes, habrá que preguntarse si están más marchitas que maduras.

En la diócesis de Múnich, en otro tiempo un bastión de fe católica y de sacerdotes, este año ha ingresado en el seminario un solo candidato. Ante la evidente escasez del futuro clero, el arzobispo de Múnich, cardenal Reinhard Marx, ha hecho unas propuestas hablando ante los 180 miembros del consejo diocesano, el más grande organismo laico de la diócesis.

En síntesis, su idea es que las parroquias, a falta de un sacerdote fijo, puedan ser encargadas a laicos, ya sea a tiempo completo o como voluntarios a tiempo parcial. Y ante la falta de seminaristas, habría que plantearse la posibilidad de ordenar hombres casados, de virtudes sólidas, los así llamados “viri probati”. Siempre que en Europa se habla de la escasez de vocaciones sacerdotales, salen a colación los “varones probados”, de los que parece haber una gran cantera.

Pero cuando faltan vocaciones, lo primero que habría que preguntarse es si existe el caldo de cultivo propicio para generarlas. Y en la Iglesia en Alemania, según los datos publicados por la Conferencia Episcopal el pasado año, casi todos los indicadores están en números rojos desde hace tiempo. Desde 1995, el número de bautismos ha bajado más de un tercio; el de matrimonios se ha reducido casi a la mitad. La asistencia a la Misa dominical ha descendido del 18,6% en 1995 al 10,4% en 2015.

También el número de sacerdotes y seminaristas está en descenso. En 2014 se ordenaron 75 nuevos sacerdotes, y en 2015 bajaron a 58; el número total de seminaristas ha caído también de 653 en 2014 a 573 en 2015.

Los 23,7 millones de católicos nominales suponen el 29% de la población, pero cada año 200.000 se dan de baja, entre otros motivos para no pagar el impuesto eclesiástico, que supone un añadido de un 8% en el impuesto sobre la renta.

Esto hace de la Iglesia en Alemania una Iglesia rica, uno de los grandes empleadores del país, con muchas actividades asistenciales y de ayuda a otras Iglesias, y que, a falta de sacerdotes, recurre cada vez más a involucrar a los laicos en las actividades parroquiales. Tampoco esto quiere decir que haya un gran nivel espiritual entre estos asistentes pastorales. En un reciente estudio académico sobre el sacerdocio en Alemania, el 91% de estos asistentes respondían que recibían el sacramento de la Penitencia una vez al año o menos.

Se comprende que cuando el Papa Francisco recibió a los obispos alemanes en visita ad limina en noviembre de 2015, hablara de la “erosión de la fe” en Alemania. Advirtió contra la tendencia a complicar la vida de la Iglesia con nuevos organismos: “Se inauguran estructuras siempre nuevas para las cuales al final faltan los fieles. Se trata de una suerte de nuevo pelagianismo que nos lleva a volver a poner la confianza en las estructuras administrativas, en las organizaciones perfectas”. Por eso consideraba un imperativo la “conversión pastoral” para que las estructuras de la Iglesia fueran más misioneras.

No son estos problemas que puedan ser arreglados simplemente recurriendo a “varones probados”. Más bien, según advertía entonces el Papa, “la preciosa colaboración de los laicos, especialmente en sitios donde faltan las vocaciones, no puede ser un sustitutivo del sacerdocio ministerial, ni dar la impresión de que es algo ‘optativo’. Si no hay sacerdote, no hay Eucaristía. Y las vocaciones sacerdotales comienzan con el ardiente deseo en los corazones de los fieles de tener sacerdotes”.

Cuando hay vitalidad en una Iglesia, no faltan vocaciones sacerdotales, como lo demuestra claramente el caso de África. De 2005 a 2014, los bautizados han crecido el 40%. La población católica de África se estima hoy en 200 millones y, dado su nivel de crecimiento por demografía y evangelización, las proyecciones estiman que para 2050 alcanzará los 450 millones, lo que hará de África el continente con más católicos.

Las vocaciones sacerdotales están también en auge. Solo en un seminario de Enugu, en Nigeria (Bigard Memorial Seminary), hay 780 alumnos, más que en toda Alemania. Y no es un caso aislado. Luego habrá que aquilatar la rectitud e idoneidad de los candidatos, pero para eso están los seminarios.

Mientras el número de seminaristas mayores desciende en otros continentes, en África  aumentó hasta 28.500 en 2014, un 9% más que en 2009. Este dinamismo favorece una alta tasa de “sustitución generacional”. Por cada 100 sacerdotes en activo, África y Asia muestran una gran capacidad de recambio con 66 y 54 nuevos candidatos, respectivamente, mientras que Europa registra solo 10 candidatos por 100 sacerdotes, América 28 y Oceanía 22.

En África, el celibato sacerdotal no parece ser un problema para llenar los seminarios. Tampoco da la impresión de que vayan a necesitar recurrir a los “varones probados”. Lo cual es un signo de vitalidad y modernidad, pues lo propio de los laicos es dejar una huella cristiana con su acción en medio de la sociedad, sin recluirse en tareas parroquiales propias del sacerdote.

Tal vez los obispos africanos podrían aconsejar a los alemanes sobre cómo promover un clero autóctono. Porque si no, al final tendrán que venir sacerdotes africanos para evangelizar a los europeos.

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Una Respuesta a Consejos de África a Europa

  1. María Antonia dijo:

    Me ha gustado mucho su análisis.
    Entiendo que en Europa falla la base para tener seminaristas y sacerdotes: unas familias adecuadas donde salgan esos sacerdotes. No hay personas que se atrevan a formar familias vivas que tengan generosidad, alegría e hijos.

    No entiendo el problema de los impuestos de Alemania. De nunca. Quizá como española se me escapa que la profesión de fe no vaya unida a la limosna libre. La propia constitución española impediría que se nos preguntara por nuestra religión. ¿Sería tan amable, si es posible, de dedicar un sonar al respecto. Muchas gracias

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