La probeta puede esperar

Especialistas en reproducciónLa sociedad tecnológica no está acostumbrada a la demora en los plazos de entrega. “Lo quiero ya” es la consigna. Esta actitud se aplica cada vez  más a la hora de tener hijos. Por una parte, la decisión de tenerlos se posterga, a la espera de reunir condiciones ideales de empleo, vivienda, carrera, pareja… Pero cuando se toma la decisión, cunde la impaciencia si el embarazo tarda en producirse. Y si la naturaleza no responde con la rapidez deseada, el recurso a la reproducción asistida está al alcance de la mano.

Pero incluso especialistas en la fecundación artificial empiezan a preguntarse si no se está utilizando demasiado la  reproducción asistida. En un artículo publicado en el British Medical Journal, expertos de medicina reproductiva de la Universidad de Adelaide (Australia) y de la Universidad de Aberdeen (UK),  advierten que el uso de estas técnicas de fecundación in vitro (FIV) para resolver una gama cada vez más amplia de problemas de fertilidad puede hacer que los riesgos superen a los beneficios.

La FIV estaba pensada al principio para mujeres con problemas tubáricos y para casos de severa infertilidad masculina, pero cada vez se está aplicando más para casos de “subfertilidad” o de “infertilidad de origen desconocido”.  Por ejemplo, en el Reino Unido la proporción de ciclos de FIV por problemas de enfermedad tubárica ha bajado del 19% en 2000 al 12% en 2011. En cambio, la infertilidad de origen desconocido afecta al 30% de las parejas que solicitan la FIV, y el número de ciclos en estos casos ha pasado de 6.000 a 19.500 en ese mismo periodo.

Los autores del artículo recuerdan que diversos estudios han mostrado una notable tasa de embarazos naturales al cabo de unos dos años en parejas que se habían sometido a la FIV, especialmente si su infertilidad había sido diagnosticada de “origen desconocido”.

En muchos casos se podrían haber evitado ese proceso que es caro, tenso, absorbente, y, si al final no tiene éxito, frustrante. Tampoco está exento de riesgos para el bebé, pues se ha observado una mayor probabilidad de defectos congénitos en los niños nacidos por reproducción asistida.

Todo esto les lleva a concluir a los autores: “Hasta que se resuelvan estos problemas, deberíamos ser prudentes antes de usar la FIV en parejas cuyas posibilidades de obtener un beneficio son inciertas o cuando su probabilidad de una concepción natural es aún razonable”.

¿Por qué no se actúa, entonces, con más precaución? El artículo del BMJ lo deja claro: “La reproducción asistida se ha convertido ya en una industria que da grandes beneficios”. “Como sociedad, concluyen, estamos ante una alternativa: Podemos seguir ofreciendo a las parejas con problemas de fertilidad un acceso temprano a la FIV, de necesidad no demostrada,  o seguir un camino más exigente para verificar que las intervenciones son efectivas y seguras y para optimizar el procedimiento”.

Las clínicas de reproducción asistida no van a recomendar paciencia a la espera de un embarazo natural a las parejas que llaman a su puerta. Pero no estaría de más que los médicos informaran bien de las posibilidades de embarazo a parejas “estériles” antes de que se plantearan  recurrir a la probeta.

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Una Respuesta a La probeta puede esperar

  1. Ma. Elena Melgarejo Lozano dijo:

    Un planteamiento amplio y convincente que requiere de amplia difusión, tanto en el medio científico y de la profesión médica, como hacia los matrimonios que están abiertos a la FIV.

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