La primavera francesa y mayo del 68

Manifestación en ParísEl mayo francés de este año ha sido tan combativo como familiar. Centenares de miles de personas han vuelto a manifestarse en París contra la ley que desnaturaliza el matrimonio al permitirlo para parejas del mismo sexo. El gobierno de Hollande esperaba que, una vez aprobada la ley, la resistencia se disolviera. Pero no ha sido así. Después de varias manifestaciones desde el pasado enero, siempre con asistencias multitudinarias, la protesta en defensa de la familia se ha convertido en el mayor movimiento social de las últimas décadas.

Tan llamativo como el poder de convocatoria de la “Manif pour tous” es la ausencia de movilizaciones de los defensores de la ley. También en esto se advierte que la pretensión de vestir al matrimonio gay con los ropajes del movimiento de los derechos civiles, no encuentra un respaldo social. No hay aquí nada de movilizaciones de masas a favor de una minoría injustamente discriminada. Después de todo, en Francia existe desde hace años el Pacto Civil de Solidaridad, una fórmula que ha tenido mucho éxito y que permite a parejas que conviven –homosexuales o heterosexuales- arreglar sus problemas de la vida cotidiana sin embarcarse en el matrimonio.

Pero el gobierno socialista ha querido sumarse a la moda de dar respetabilidad a las uniones homosexuales considerándolas matrimonio, y se ha encontrado con una resistencia mucho mayor de la esperada en la laica Francia. Ha logrado unir en su contra a muchos católicos, musulmanes y judíos, junto a otros estrictamente laicos y hasta organizaciones homosexuales reacias al matrimonio. Gente que no es anti-gay, pero que defiende con tenacidad el matrimonio natural y el derecho de los niños a tener un padre y una madre. Además del desgaste político que le ha supuesto la protesta, el gobierno ha visto surgir un movimiento que, si se consolida, puede darle nuevos quebraderos de cabeza. Como cuando tenga que recortar los subsidios familiares para reducir el déficit público.

Se ha hablado estos días de una “primavera francesa”, opuesta a todo lo que representaba Mayo del 68. La primavera evoca una nueva savia, una eclosión de fuerzas jóvenes, tan presentes en las manifestaciones. Y en las calles se ha visto una rebeldía pacífica, frente a un gobierno que ha querido imponer sin verdadero debate un cambio  esencial en la familia.

 

Es curioso cómo se han invertido las tornas en el debate social en las últimas décadas. Mayo del 68 tenía un aire libertario, enemigo de lo institucional, que engendró un individualismo exacerbado.  Pero hoy sus herederos son el establishment. Es una generación que incluso cuando ha ocupado las riendas del poder ha seguido presentándose como si fuera contra la clase dominante, disfrutando a la vez de los privilegios del mando y del prestigio de los rebeldes.

Pero este travestismo es ya insostenible. Una verdadera solución libertaria al debate sobre el matrimonio sería abolirlo en cuanto institución sancionada por el Estado, y dejarlo como un acuerdo meramente privado. Pero la reforma de Hollande ha sido acoger a las parejas homosexuales dentro de esa institución tan tradicional del matrimonio, aun al precio de desvirtuarla. Todos respetables padres de familia, con boda en la alcaldía y retoños adoptados. “Matrimonio para todos”, una consigna paradójica en un presidente que convive en el Elíseo con su pareja sin que haya necesitado casarse para adquirir respetabilidad.

Por el momento, el gobierno socialista ha reaccionado con los reflejos propios del poder. El Ministro del Interior, Manuel Valls,  ha dicho que como la ley ya  ha sido aprobada y ha recibido el aval del Consejo Constitucional, “ya es hora de que todo el mundo la acepte”. Ha advertido contra la presencia de grupos de extrema derecha en las manifestaciones, aunque cualquiera puede haber comprobado que el ambiente era fundamentalmente familiar y no de extremistas. Los organizadores denuncian que la policía ha hecho algunas detenciones arbitrarias entre personas que simplemente ponían banderas en las calles. El ministro está tan irritado con los disidentes que ha amenazado con la prohibición: “no hay sitio para grupos que desafían la república, la democracia y que atacan a los individuos”. Un hombre de orden, este monsieur Valls.

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Una Respuesta a La primavera francesa y mayo del 68

  1. Asun Donazar Indurain dijo:

    Magnifico comentario a una relidad social que entra por los ojos: ¿como no verán los socialistas las consecuencias de sus ideologías?.

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