Elecciones y pactos de Estado

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Las nuevas elecciones en España se presentan bajo el signo del pacto. Las encuestas anuncian que ningún partido va a tener una mayoría suficiente, por lo que van a necesitar no solo el apoyo de sus votantes sino el de posibles aliados. Es el momento de buscar espacios de acuerdo y fórmulas de compromiso.

Con este panorama, parece que habría llegado la oportunidad de esos pactos de Estado que tantas voces han pedido. Basta poner en el buscador la frase “necesitamos un pacto de Estado sobre…” y la lista es nutrida. El pacto de Estado sobre la educación es el más socorrido. Pero hay otros muchos: pensiones, dependencia, familia, justicia, energía, investigación, violencia de género, ciencia… Cada sector querría mantener sus reglas de actividad al margen de los choques ideológicos y de los bandazos partidistas.

Más que una pretensión de dejar estos sectores al margen de la política, lo que se espera es que los políticos cumplan su función buscando unas reglas básicas estables y ampliamente compartidas. Se pide seguridad jurídica, estabilidad, claridad.

Este deseo revela, por contraste, la mala calidad de nuestra frenética actividad legislativa. Es el diagnóstico que hace Carlos Sebastián en España estancada (Ed. Galaxia Gutenberg), cuando escribe que “el marco normativo español es complejo, confuso y está en continuo cambio, genera incertidumbre e inseguridad, desincentiva la eficiencia y el emprendimiento y eleva los costes del sistema”.

La idea de que, ante cualquier problema, la respuesta política es hacer una nueva ley está profundamente arraigada. Y si además se suma el afán de las Comunidades Autónomas por ejercer sus competencias reales o imaginarias, el torrente legislativo se desborda. Como dice el mismo autor, “la política a nivel autonómico comparte con la nacional el principio de que producir y publicitar una norma tiene un alto rendimiento electoral, con lo que la producción normativa (de dudosa calidad y necesidad) es incesante”.

A lo largo de estos seis meses de gobierno en funciones, la incertidumbre política habrá frenado a inversores y empresarios. En cambio, podemos felicitarnos por el hecho de que el Parlamento no haya sumado nuevas leyes a nuestro cuerpo legislativo tan aquejado de sobrepeso.

Pero en el fragor de la campaña electoral ya se anuncian nuevos cambios de leyes. El partido gobernante habla de perseverar en las políticas que están en marcha. Los que prometen “cambio” quieren reformar las reformas, cuando no arrumbarlas.

Sea quien sea el que gobierne, debería buscar acuerdos que evitaran algunas de las carencias de la producción legislativa. Evitar cambios legales dirigidos a satisfacer a una base clientelar, con intereses particulares, y a veces contradictorios. Huir de disposiciones que dan derechos sin pensar si se tienen los medios (cuesta poco garantizar que en los colegios las clases serán en inglés, sin pensar si hay suficientes profesores preparados para impartirlas).

Tampoco conviene olvidar que, para los pactos de Estado, cuenta más llegar a un acuerdo de mínimos que pretender una regulación “integral” y detallada en la que será imposible ponerse de acuerdo. En cambio, unas reglas básicas pero estables dan seguridad jurídica y un mayor margen de libertad para las iniciativas sociales. Más vale, en todo caso, llegar a un acuerdo sobre lo básico y permanente, aunque el sesgo político de los distintos gobiernos se manifieste luego en la acentuación de uno u otro aspecto.

Si se ve necesario elaborar una nueva regulación sobre un tema, hay que aprovechar la ocasión para podar la hojarasca legislativa que ha demostrado su inutilidad. Y luego hay que lograr que las normas se cumplan, pues a menudo los gobiernos ponen más empeño en aprobar una ley que en examinar cómo se aplica y qué resultados tiene.

En las campañas electorales prima siempre el antagonismo y la oposición por principio, para ganarse el favor del público y distinguirse del adversario. Pero después habrá que sacrificar aspiraciones y aparcar vetos, en función de las alternativas posibles. Al menos, si realmente queremos esos pactos de Estado tan reclamados en algunos momentos.

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Una Respuesta a Elecciones y pactos de Estado

  1. Pablo Roman Rodriguez dijo:

    Es imposible hacer pactos de Estado porque no se tiene claro el concepto de ESTADO confundido con el conjunto de Partidos. El catetísmo y el reduccionísmo político español, no pasa del mundo de Partidos ,con una visión muy reducida de la realidad y sus soluciones. Por otro lado ,los Pactos útiles y duraderos,no se deben hace juntando lo une , sino RENUNCIANDO A LO QUE NOS DIFERENCIA en temas importantes y significativos por su transcendencia futura. Así se hizo la transición en España.Lo que nos diferencia son “balas en la recámara”dispuestas a usarse por mucha unión que haya en lo que une.

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