Baños unisex en la Casa Blanca

Baños para el género neutroYa en la fase final de su mandato, se discute cuál será el legado de Barack Obama: la reforma sanitaria, el acuerdo con Irán, la regularización de los inmigrantes ilegales, el reconocimiento del matrimonio gay… Casi todo está todavía en el alero. En cambio, hay algo que no depende de acuerdos con el Congreso, y que quedará para la historia, al menos doméstica, de la presidencia: los baños unisex en la Casa Blanca.

Uno de los edificios presidenciales cuenta desde el mes de abril con un baño que no distingue por sexos. Nada de limitarse a señoras y caballeros, hay que pensar también en los transgénero, en los que no lo tienen claro todavía o pueden cambiar de opinión, en cualquier otra letra que pueda añadirse en el futuro al acrónimo LGTBQ…

El nuevo baño no se presenta como un mero acomodo práctico, sino como un estandarte de la diversidad. “El presidente está dispuesto a liderar a base de ejemplo”, escribe su asesora Valerie Jarret defendiendo la decisión de Obama. Por eso, la Casa Blanca ha revisado su política de “acceso a los baños” para “asegurar que cualquiera que entre en este edificio se sienta seguro y respetado”.

El problema es que en el país hay mucha gente que no se siente “segura y respetada” al ver que una persona que claramente no es mujer entra en los baños de señoras (o viceversa), con la idea de que el sexo biológico no cuenta y que lo decisivo es el género con el que ha decidido identificarse. Por eso varios Estados han impulsado leyes para prohibir que un individuo use deliberadamente un baño para personas del otro sexo, cualquiera que sea la identidad de género que haya decidido asumir. En Texas, incluso, la ley hace responsable a los infractores de cualquier “angustia mental” que puedan causar a otros usuarios si acceden a un baño que no les corresponde.

Si se trata de evitar situaciones molestas, quizá no sea mala solución la de la Casa Blanca. Lo perjudicial es que se utilice como un avance más en la carrera del gender-neutral, que igual puede servir para el matrimonio que para los dormitorios de estudiantes. La idea de los baños “gender-neutral” no es ideológicamente neutral, sino una imposición muy concreta del modo de concebir la identidad sexual.

En sus campañas por los derechos de los LGTB, los activistas han identificado siempre su lucha con la de los defensores de los derechos civiles de los negros  en el siglo pasado. Pero la comunidad negra ha sido tradicionalmente la menos convencida de esto, y la diferencia puede verse también en el tema de los baños. Según hemos visto en fotos de la época, en los estados segregacionistas había baños para blancos y para negros. Acabar con esta separación absurda fue uno de los aspectos de la lucha antidiscriminación. Pero no pedían acceder a los baños de los blancos porque aseguraran que ellos también se sentían blancos, sino porque no tenía ningún sentido dividir por razas cuando el sexo era el mismo. Ahora, en cambio, la naturaleza no cuenta y la discriminación consiste en no respetar lo que uno “siente” y ha escogido ser.

Mara Keisling, directora del National Gender for Transgender Equality, se ha felicitado por la decisión de la Administración Obama, y ha dicho que espera que esto abra un “diálogo nacional” sobre el acceso de los transgénero a los baños. Hay que reconocer que como tema de diálogo nacional no es el más atractivo ni el más entusiasmante. No da para un discurso de “I have a dream”. Pero al final siempre nos quedará un baño nuevo en la Casa Blanca.

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