¿Qué hay de mi cuota?

ImprimirLa presencia de mujeres en los consejos de administración de las grandes empresas ha pasado a considerarse como un índice de la igualdad de género. Desde principios de siglo su proporción va en aumento, especialmente en Europa, con porcentajes que varían del 15% al 30% en los países más grandes de la UE. Lo que se discute es si hay que forzar la máquina exigiendo cuotas por ley, o dejar que el ascenso sea fruto del convencimiento empresarial.

Ciertamente, las cuotas aceleran el cambio: en Noruega, donde se impusieron en 2003, la proporción de consejeras ha pasado del 7% de entonces a más del 40% actual, tal como exigía la ley; en España, donde solo hay una recomendación en el Código de Buen Gobierno, las consejeras en empresas del Ibex han ido a más, aunque por el momento están en el 16,7%. Pero las cuotas tienen también el inconveniente de que tratan a las mujeres como especie protegida, y arrojan sombras sobre sus méritos.

En cualquier caso, más importante que las cuotas en la cúpula del poder son las políticas que desde abajo permiten que las mujeres encuentren un ambiente favorable en la empresa. Para la gran mayoría de las mujeres, más significativas que la paridad en los consejos de administración son las medidas para compatibilizar la maternidad y el trabajo: la flexibilidad de horarios, la disponibilidad de guarderías, los subsidios familiares, las bajas por maternidad, la jornada escolar… Pues la discriminación suele provenir no de ser mujer, sino de ser madre. Si existen esas políticas, también habrá más mujeres en los consejos de administración, que no se hayan visto obligadas a escoger entre maternidad y carrera profesional.

La paridad en el poder de las grandes empresas tampoco puede hacer olvidar el problema del aumento de la desigualdad entre los de arriba y los de abajo y de en medio. Pues si bien la presencia de consejeras ha ido progresando, también ha aumentado la brecha de la desigualdad entre las retribuciones de los altos consejeros –sean hombres o mujeres– y el resto de los empleados. Para la contable del supermercado no debe de ser un gran consuelo que haya más mujeres en el consejo de administración de la empresa, si ganan 200 veces más que ella. Por eso, a veces da la impresión de que el asunto de las cuotas en los consejos de administración es un forcejeo entre élites privilegiadas, que se hace pasar como un debate de igualdad de género.

Pero la fórmula de las cuotas no se reduce a los consejos de administración. Cada vez más colectivos se descubren como minorías discriminadas y reclaman su lugar al sol de la popularidad. Ahora que empieza la temporada de los premios cinematográficos, el origen étnico de los actores da más materia de debate que sus interpretaciones.

Las nominaciones a los Oscar, ya anunciadas, han provocado un aluvión de críticas por no incluir a actores negros. El director Spike Lee ha anunciado que no irá a la ceremonia de los Oscar por la falta de diversidad. En cambio, los Globos de Oro han premiado como mejor actor de serie (comedia) a Gael García Bernal, hispano, además de consagrar como mejor director a un mexicano bien asentado en Hollywood, Alejandro González Iñárritu.

En el mundo de la televisión, también se advierte que los no blancos están consiguiendo papeles protagonistas en series para el gran público, y no solo en series para un público hispano, negro o asiático.

Si en los Oscar se critica que la industria del cine no reconozca la diversidad social, en otros casos lo que se pide es que el cine y la televisión tomen la delantera a la sociedad y “normalicen” ciertos fenómenos. Precedentes no faltan. Si desde hace algunas décadas los personajes homosexuales están sobrerrepresentados en la pantalla, vengan o no a cuento, ahora toca el turno de los transexuales que reclaman su cuota de visibilidad. Ahí tenemos a la ahora llamada Caitlyn Jenner, que ya va por la segunda temporada de I Am Cat contando su paso de campeón olímpico de decatlón a mujer curvilínea. A esta hay que sumar otras series como Transparent y Orange is the New Black, que auguran una cuota extra para historias de transexuales, siempre positivas por supuesto. Además, este colectivo se molesta si el actor elegido para representarlos no es en realidad transexual, lo que a su juicio indica que la industria quiere “blanquear” sus relatos.

Hasta ahora la expresión “cuota de pantalla” se refería a la parte de mercado correspondiente al cine español, americano, francés… Ahora habrá que aplicarla a la presencia de los distintos colectivos que reclaman su derecho a aparecer en pantalla.

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Una Respuesta a ¿Qué hay de mi cuota?

  1. Eva dijo:

    Gracias por el blog.
    Sin duda hace falta reflexiones que sin pretender llegar a una conclusión incuestionable, ayuden a levantar la alfombra de lo inmediato. Estoy de acuerdo en que el problema no es ser mujer sino ser madre. Como el feminismo de los 60 ” evitó que las mujeres sufrieran el lastre de la maternidad” todavía estamos en un mundo laboral que maltrata la maternidad. Llevará tiempo, pero ya algunas empresas tienen guarderías, horarios flexibles… Los resultados empresariales dirán si se va o no en buena dirección.

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