Policías que gestionan la diversidad

En la Policía Municipal de Madrid existe una Unidad de Gestión de la Diversidad (UGD), la primera en su género en España, dedicada a perseguir los “delitos de odio”. Su burocrático nombre ya es curioso, pues parece más relacionado con el culto a una idea que con la protección de personas. Pero si en este caso la labor de gestionar no equivale a administrar una actividad o llevar adelante una iniciativa, debe de apuntar hacia la otra acepción del diccionario de la Real Academia “Manejar o conducir una situación problemática”.

Así que la diversidad en Madrid debe de ser problemática. La diversidad se ha convertido en una de esas palabras fetiches que sirven para asegurar que uno está en el lado políticamente correcto del momento. Cuanta más diversidad, mejor. El propio concejal de Seguridad de Madrid, Javier Barbero, dijo al presentar la nueva sede de la UGD: “No todo el mundo percibe que la diferencia es una riqueza. Hay personas que perciben que la diferencia es una molestia y una amenaza”.

Este elogio genérico de la diversidad no puede hacer olvidar que a veces preferimos que haya menos. En la misma página del diario aparece la noticia de que ha sido desarticulada una banda formada por 31 personas de nacionalidad búlgara, acusadas de cometer unos 190 robos. La presencia de estos búlgaros ha contribuido sin duda a aumentar la diversidad en Madrid. Pero en este caso, esa diferencia parece que se ha convertido en una molestia y una amenaza, aunque tampoco sea motivo para odiar a los búlgaros en general.

Pero a la UGD no le atañen los robos, a no ser que estén movidos por el odio. El cometido de esta Unidad, creada en abril de 2016, es proteger a “colectivos vulnerables” contra delitos de odio, es decir, motivados por la orientación sexual, la identidad de género, el sexo, la exclusión social, la discapacidad, el origen étnico… Para saber por dónde van los tiros de estos policías, la información nos dice que han intervenido en una treintena de infracciones penales, entre las que se encuentran agresiones o insultos por LGTBfobia; amenazas xenófobas en una página de contactos gay; una agresión en una discoteca a un transexual; amenazas o insultos racistas; pintadas antisemitas. Pero si en lo que va de año solo han asesorado a 39 víctimas y han tenido que intervenir en una treintena de infracciones penales, tampoco parece que los 32 agentes hayan tenido que afrontar una problemática desbordante.

Quizá por eso ahora van a dedicarse también a una campaña preventiva, distribuyendo carteles con imágenes de personas que, a su juicio, son susceptibles de convertirse en víctimas. En ellos se puede leer lemas como: “Soy lesbiana. ¿Y qué? Tengo derechos”. “Soy trans. ¿Y qué? Tengo derechos”. “Soy musulmana. ¿Y qué? Tengo derechos”. Una campaña bienintencionada, sin duda; pero que también puede ser contraproducente. Singularizar a un colectivo como necesitado de una especial protección equivale a señalarlo como problemático, motivo de potenciales conflictos, débil ante una sociedad hostil. No creo que eso facilite su integración normal.

También cabe preguntarse por qué hay que perseguir los delitos de odio contra estos grupos y no contra otras minorías. Si uno va al art. 510 del Código Penal, que se refiere a los delitos de odio, los grupos a defender serían innumerables. Basta ver que la ley castiga a quien “realice públicamente el fomento, promoción o incitación directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra las personas por motivos racistas, antisemitas, u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad”.

Lo que cabe esperar de una ley, y de una policía, es que proteja tanto a las mayorías como a las minorías. Y no solo a las minorías influyentes como es hoy el lobby LGTB, sino también a las que no tienen vientos favorables en la opinión pública. Así que también se podría incluir en la campaña preventiva: “Soy afgana con burka. ¿Y qué? Tengo derechos”. O “Soy populista. ¿Y qué? Tengo derechos”.

Junto a la dificultad de acotar los grupos necesitados de protección por riesgo de ser objeto de odio, el problema de fondo es cómo determinar que la causa del delito es el odio contra un grupo. El odio es un pecado, pero no un delito mientras no se manifieste en alguna agresión.

Puede haber casos en que resulte claro que el motivo del delito es el odio a un grupo. Si uno incendia un albergue de refugiados, parece evidente que lo ha hecho por odio al colectivo. Pero en otros casos es aventurado etiquetar la agresión como delito de odio. No es fácil saber si el transexual que ha recibido un puñetazo en una bronca de discoteca, lo ha recibido por ser transexual, o simplemente que en la pelea se ha visto envuelta una persona que resulta ser transexual. Y cuando no media una agresión física sino unas palabras que el interlocutor considera ofensivas, entramos ya en el resbaladizo terreno del subjetivismo, donde lo que uno interpreta como ofensa movida por el odio para otro es un mero debate verbal.

Mi pronóstico es que con esta nueva Unidad de la policía municipal aumentarán los delitos de odio en Madrid. De una parte, porque cualquier colectivo orgulloso de su identidad que se sienta ofendido por las palabras de otros que no comparten sus ideas, se apresurará a denunciarlos como autores de un “delito de odio”. De hecho, otro de los objetivos declarados de esta iniciativa municipal es concienciar a los ciudadanos para que denuncien delitos de odio.

Y, de otra parte, los delitos de odio amentarán porque esta UGD tiene que justificar su misma existencia. ¿Cómo ir al jefe y decirle “pues esta semana no he encontrado ningún delito de odio”? Por el contrario, cuantos más delitos de odio se investiguen y cuantas más detenciones se produzcan, más se podrá asegurar que se trata de un área importante y que la UGD está realizando una labor indispensable que necesita más recursos.

Así que pienso que esta Unidad de Gestión de la Diversidad va a crear más problemas que los que pretende resolver. Y espero que no se interprete esto como hostilidad movida por el odio contra la policía. “Soy periodista. ¿Y qué? Tengo derechos”.

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Una Respuesta a Policías que gestionan la diversidad

  1. Javier Aranguren dijo:

    Est artículo es ex-ce-len-te!

    Gracias!

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