No toques a mi Justin

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Los políticos están hoy tan desacreditados que encontrar uno que suscite aprobación es casi un milagro. Pero en el caso del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, más que de aprobación, hay que hablar de ¡entusiasmo! Al menos, entre muchas mujeres. Igual que sus hijas adolescentes miran con delirio a Justin Bieber, sus madres se sienten arrebatadas por Justin Trudeau. Con lo difícil que es pasar la reválida de igualdad de género, muchas mujeres le dan sobresaliente cum laude. Y eso que no lleva ni año y medio de mandato.

La política emocional tan propia de nuestra época se despliega sin rubor en el suplemento Mujer hoy, que se pregunta: “¿Por qué amamos a Justin Trudeau?” No hay por qué poner reparos a que se admire a un político, descrito ya en los titulares como inteligente y honesto, guapo y feminista. Lo que llama la atención es que ciertos rasgos que en otros casos suscitarían al menos reservas, aquí se presentan siempre desde una óptica positiva.

De entrada, su procedencia familiar. Justin es hijo del también político liberal Pierre Trudeau, que fue primer ministro de Canadá de 1968 a 1984. Y sin duda esto habrá sido de alguna ayuda para convertirse en líder del partido. Si se tratara de un Bush, fácilmente hubiera sido tachado de “hijo de papá”, aupado en la política por méritos familiares. Pero, tratándose de Justin, es “digno hijo de sus padres”.

Pero no solo es un político de primera. También es “el marido y padre ideal”. En este y en otros momentos la reportera se cura en salud avisando que “la familia Trudeau es tan perfecta que hasta da un poco de grima”. Efectivamente, da un poco de grima leer que Justin y su mujer Sophie Gregoire, más sus tres hijos de 3, 8 y 9 años “completan una estampa de anuncio. Todos son guapos, educados, deportistas, simpáticos…”.

Sophie Gregoire era reportera y presentadora de televisión “hasta que decidió entregarse en cuerpo y alma a la carrera política de su marido”. O sea que su marido, tan feminista, no tuvo inconveniente en que su mujer sacrificara su carrera profesional en beneficio de la suya. Probablemente lo hizo de mil amores, pero si en vez de ser la mujer de Trudeau lo fuera de un político conservador, fácilmente se diría que el arreglo era el típico prototipo de desigualdad de género.

Trudeau ha declarado “estar orgulloso de ser feminista”. También aquí la reportera tiene que avisar que “normalmente cuando un hombre afirma ser feminista se disparan todas las alarmas, (…), pero en el caso de Trudeau resulta creíble”. Aquí lo que se disparan son todos los elogios. No en vano Justin formó un gobierno paritario, con quince hombres y quince mujeres. Es verdad que esto no garantiza de por sí un buen gobierno, y si no, basta ver el gobierno socialista francés, que por muy paritario que sea está a punto de enterrar el socialismo.

Pero ¿quién va a poner en duda la credibilidad feminista de Trudeau cuando es un hombre “tremendamente atractivo”? Porque, reconoce la reportera, “hay que decirlo alto y claro, aun a riesgo de ser tachadas de frívolas: Justin Trudeau es un cañón”. Un hombre que hiciera este comentario de una mujer política no correría el riesgo de ser tachado de frívolo, sino de sexista, machista y salido. Tampoco vamos a decir que el físico no importa a la hora de encandilar votantes. Pero no podemos convertir las elecciones en un concurso de belleza. Eso sería dar ventaja a Justin Trudeau, pues, a juicio de la reportera, es “un cruce entre el príncipe de La Sirenita y Matthew McConaughey”. Lo del cruce puede entenderse como canon de belleza o tal vez como pareja de recambio, ya que Trudeau es un firme abogado del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Es también un defensor incondicional del derecho al aborto, que en Canadá no depende de supuestos ni de plazos, de modo que igual se puede abortar un embrión de seis semanas que un feto de seis meses. El límite es lo que el cuerpo de la mujer aguante. Tan importante considera Trudeau este asunto que prohibió que los miembros de su partido opuestos al aborto fueran candidatos. En esto de la libertad de voto no parece muy “pro-choice” ni muy liberal.

Por si fuera poco, el reportaje nos advierte que Trudeau es solidario –Canadá ha acogido a 25.000 refugiados sirios–, luce un tatuaje en el brazo, reconoce haber fumado marihuana algunas veces y es partidario de su legalización. ¿Se puede pedir más a un líder políticamente correcto? Atentos: el premio Nobel de la Paz busca candidato.

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