La educación: ¿inversión para quién?

Universitarios contra la subida de las tasas
En toda protesta contra las reducciones en presupuestos de educación la frase se repite con gran solemnidad: “La educación no es gasto, es inversión”. En consecuencia, todo recorte en educación sería una política miope e injusta, que hipotecaría el futuro del país. La tesis se utiliza especialmente en la crítica a la subida de tasas universitarias, un debate hoy presente en España y en otros países. 

Nadie niega que los recursos dedicados a la educación superior son una inversión. Otra cosa es a quién beneficia esa inversión y si debe financiarse con fondos públicos o privados, o en qué proporción deben mezclarse los dos. En España, actualmente, las tasas en las universidades públicas solo cubren como media un 16% del coste real, por lo que la mayor carga de la financiación recae sobre todos los contribuyentes. Y lo que ha autorizado ahora el gobierno es que las universidades cobren entre el 15% y el 25% del coste real al matricularse por primera vez en una asignatura, y entre el 30% y el 40% en la segunda

Para justificar la subvención pública indiscriminada, se aduce que esta inversión tiene indudables beneficios sociales. Es bueno que un alumno realice estudios universitarios, pues así el país podrá contar con una población más educada y productiva. Pero estos beneficios sociales no son tan claros como los privados.

En principio, la educación produce un “capital humano” con una indudable rentabilidad social. Pero a veces esa inversión educativa es fallida, como ocurre con ese 30% de estudiantes que no terminan la carrera. O es una inversión que requiere demasiado tiempo para dar fruto, como en el caso de los repetidores que necesitan varios cursos suplementarios para completar sus estudios. Y, como está ocurriendo ya en España, no pocos universitarios acaba desempeñando empleos por debajo de su cualificación.

La rentabilidad privada

Mucho más apreciable es la rentabilidad privada que obtiene un individuo de su inversión en educación superior. Beneficios que se miden en forma de ingresos más elevados, mejores empleos y menor probabilidad de estar en paro.

Los titulados de enseñanza superior tienen una probabilidad mucho mayor de estar empleados que los que han realizado menos estudios. Según los datos de la OCDE (Education at a Glance 2011), en 2009 en el conjunto de la OCDE la tasa de empleo era 27 puntos más alta entre los titulados de enseñanza superior que entre los que no habían completado la secundaria superior. Es verdad que en la actual crisis de empleo juvenil en España puede parecer que el título universitario es de poca ayuda, pero la realidad es que sin estudios universitarios la empleabilidad es menor.

La rentabilidad privada de la educación universitaria se revela claramente en el nivel de ingresos obtenidos. Según la misma fuente, en 17 de 32 países de la OCDE los titulados universitarios ganan al menos un 50% más que los que no han pasado del segundo ciclo de enseñanza secundaria. En España, la diferencia está por debajo de la media de la OCDE, pero aún así alcanza un 41%.

Un sistema poco equitativo

Invocar la equidad para justificar una política generalizada de tasas universitarias bajas tampoco encuentra una justificación convincente. En España, aunque ha mejorado mucho el acceso a la Universidad, los jóvenes que hacen estudios superiores son todavía un 40% de su generación, y entre la población de 25-34 años tiene un título universitario el 38%.

Y la evidencia muestra que, incluso con una política de matrículas baratas, no se ha alcanzado la igualdad de oportunidades en el acceso. Las familias en que los padres tienen estudios superiores o técnicos siguen aportando la mayoría de los estudiantes universitarios. El corte social se produce antes, en la enseñanza secundaria, y poco influye en esto la cuantía de las tasas universitarias.

En definitiva, la financiación indiscriminada de la enseñanza superior con fuertes subvenciones públicas puede ser regresiva, ya que sus beneficiarios no suelen pertenecer a las familias que más lo necesitarían. Se acercaría más a la equidad una financiación con becas y créditos para quien lo precise, en vez de la beca para todos que hoy suponen las tasas bajas.

En un momento en que inevitablemente hay menos dinero público para la Universidad, la alternativa es pedir más al “inversor estudiante”, que es el que va a obtener más rentabilidad de ese esfuerzo.

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5 Respuestas a La educación: ¿inversión para quién?

  1. La expresión “inversor estudiante” es acertada. Hará reflexionar a más de uno.

  2. Mora Fandos dijo:

    Gracias por el análisis; los tópicos desasosiegan y ahogan.

  3. Mar García dijo:

    Con el análisis simplón que realiza en el articulo no creo que yo hubiera podido realizar estudios universitarios. Gracias a Dios durante los años que pude estudiar la carrera el precio de la matricula era asequible y me lo pude costear mediante clases particulares. Mi brillantez académica estaba lejos de las becas, mis padrea son analfabetos y terminé 2 de bachillerato con unos resultados más bien mediocres, sin embargo en tercero de carrera comencé a espabilar, acabé la carrera hice el doctorado y soy profesora… ¡Qué fácil es hablar de lo que no se sabe!

  4. Excelente blog, excelente idea. Feliicdades.

  5. anto dijo:

    Me parece un análisis poco riguroso ya que no aporta datos sobre la inversión que el estado español dedica de su PIB a la educación en este país y en comparación con la media europea. Además deja claro su postura ideológica conservadora y clasista al decir que la subida de las tasas universtarias no afectaría a las clases trabajadoras puesto que sus hijos/as ya han sido excluidos del sistema educativo en los niveles de educación secundaria que es el filtro selectivo y que es dónde el mayor número de jóvenes abandonan sus estudios.
    Por tanto hay que seguir filtrando a los estudiantes de las familias que sus padres tienen estudios medios o superiores subiendoles las tasas para que sus familias les exijan un mayor rendimiento si quieren continuar viviendo del sistema benévolo del Estado que tanto sacrificio hace por mantener el sistema educativo universitario.
    Me parece que deja claro quién podra seguir estudiando, las clases privilegiadas que no tienen incoveniente en pagar más si sus hijos no se mezclan con los de las clases socialmente menos pudientes aunque eso sí dejaremos que unos pocos tengan becas para que esto parezca un sistema que “mantiene la igualdad de oportunidades.”
    Sin embargo, es evidente que la igualdad de oportunidades solo se desarrolla cuando se invierte en el mantenimiento del estado de bienestar de los ciudadanos y no en la perdida de derechos sociales que tanto sacrifico costaron conseguir y que nos estan robando descaradamente los políticos y sus compinches, imponiendo unos recortes sociales en Educación y Sanidad………
    ¡Esto no es una crisis es una estafa! solo quieren que el conocimiento sea un privilegio de unos pocos como sucedia en la Edad Media. Y que seamos sumisos y conformistas con los dirigentes para que solo ellos puedan seguir viviendo por encima de sus posibilidades y los demás sin ninguna posibilidad de vivir.
    Como dijo Gandhi la paz no es la ausencia de tensiones sino la práctica de la justicia.
    Y es momento de que se acabe la paz social para que se empiece a hacer justicia.

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