Filtraciones y noticias robadas

Julian Assange
Tres asuntos de filtraciones periodísticas coinciden estos días en la actualidad: Los “cuervos” vaticanos viven su momento de gloria en los titulares; Julian Assange, el padre de los todos “-leaks”, ve cómo su estrella se apaga; y el caso Murdoch sigue dando materia a tribunales y comisiones de investigación. Los tres indican que a la hora de valorar una información no es indiferente el modo en que se ha obtenido.

Julian Assange sigue en arresto domiciliario en el Reino Unido, donde el Tribunal Supremo ha dado luz verde a su extradición a Suecia, para responder a acusaciones de violencia sexual. Además de sus avatares judiciales, la fama mediática del australiano ha pasado como estrella fugaz. En 2010 la web de Wikileaks se hizo famosa por la publicación de documentos militares clasificados sobre las guerras de Irak y Afganistán. Después su fama alcanzó el cenit cuando filtró centenares de miles de documentos de la correspondencia entre el Departamento de Estado y las embajadas norteamericanas. Allí quedaban reflejadas las opiniones de los diplomáticos sobre los gobiernos de los países donde prestaban sus servicios, así como sus esfuerzos para defender los intereses de Estados Unidos.

Assange se ha presentado siempre como un adalid de la transparencia informativa, convencido de que con sus filtraciones presta un servicio a la paz mundial. En cambio, para sus críticos no es más que un tipo ansioso de publicidad, que con sus filtraciones ha puesto en riesgo vidas ajenas.

Por el momento está en arresto domiciliario, controlado por la policía a través de una tobillera electrónica. En peor situación se encuentra el filtrador de los documentos, el soldado Bradley Manning, recluido desde hace meses en una cárcel de Virginia de alta seguridad, a la espera de un juicio en el que puede ser condenado a cadena perpetua.

En cualquier caso, el momento de gloria de Assange ha pasado. Las últimas filtraciones de documentos confidenciales de la compañía Stratfor –que ofrece servicios de inteligencia en todo el mundo a multinacionales y agencias del gobierno– apenas han tenido eco en la prensa. Los diarios importantes que colaboraron otras veces en la difusión mediática de las filtraciones han dejado de airearlas. Lo cual reduce mucho el atractivo de Wikileaks para cualquier interesado en filtrar información sensible. Da la impresión de que la próxima vez que oiremos hablar de Assange será cuando sea juzgado en Suecia.

Escuchas y métodos ilegales

El caso del difunto News of the World, del imperio mediático de Rupert Murdoch, sigue produciendo noticias. La obtención de información a través de escuchas ilegales, pagos a policías y complicidades políticas, fue muy rentable para el dominical sensacionalista, en dura competencia con otros tan poco escrupulosos como él. Pero hoy su antigua directora, Rebekah Brooks, va a ser procesada: otras personas de News International están en libertad condicional, a la espera de saber si serán imputadas, entre ellas Andy Coulson, que también fue director del dominical y luego director de comunicaciones de Cameron hasta enero de 2011.

En este caso, nadie ha exculpado a los periodistas encausados invocando el derecho a la información. Más bien la revelación de sus métodos delictivos ha llevado a exigir una mayor exigencia ética en el trabajo periodístico. Precisamente, las revelaciones sobre el caso del News of the Word surgieron gracias a informaciones de The Guardian, que fue quien en este caso realizó un auténtico periodismo de investigación.

En el asunto del Vatileaks, los “cuervos” están todavía volando, si exceptuamos al mayordomo. El periodista que se ha beneficiado del robo de documentos, Gianluigi Nuzzi, los presenta y se presenta como gente que quiere “ayudar” al Papa para que consiga realizar sus proyectos de limpiar la Iglesia, obstaculizados por sus enemigos. Solo le falta decir que donará la mitad de los beneficios al IOR.

Mientras el Vaticano emitió un duro comunicado en el que calificaba de “acto criminal” el robo y la difusión de documentos privados, la editorial Chiarelettere que publica el libro responde que “el autor ha desarrollado su deber de periodista llevando al conocimiento de la opinión pública documentos de interés general”. Pero una cosa es que unos documentos tengan morbo cara a la opinión pública y otra que el público tenga derecho a conocer una correspondencia privada. Como tampoco puede olvidarse el método con que han sido obtenidos. Si el secreto de la correspondencia y de las comunicaciones privadas en general es un derecho reconocido, la publicación de cartas y documentos robados en un despacho solo puede considerarse un delito.

Lo que no tiene sentido es condenar las escuchas ilegales del periodismo del News of the World y celebrar la publicación de “los papeles secretos de Benedicto XVI”.

Entre el perista –persona que negocia con objetos robados a sabiendas de que lo son– y el periodista, todavía hay clases.

Print Friendly, PDF & Email
Esta entrada fue publicada en Prensa y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

2 Respuestas a Filtraciones y noticias robadas

  1. Ma. Elena Melgarejo dijo:

    Se agradece recibir una magnífica exposición de este lamentable hecho. Es doloroso constatar que el Santo Padre ha sido objeto de un delito y de un abuso traidor perpetrado por personas supuestamente de su confianza. Con ejemplar benevolencia Su Santidad ha manifestado su grandeza de alma, al afirmar que se fía de sus colaboradores, pero esto no significa en modo alguno ingenuidad, ni falta de energía ante un hecho delictivo que merece juicio y castigo proporcionado al robo de documentación privada y confidencial. Lo que vendrá después amenaza con ser tan sensacionalista, como los comunicadores lo pinten. El Papa está sufriendo esta penosa experiencia unido a la agonía de Cristo en Getsemaní y a su afrentosa Pasión. Me atrevo a opinar que desea ganar para la Iglesia una larga era de paz.

Los comentarios están cerrados.