El Estado tiene algo que decir sobre tu matrimonio

¿Quieres casarte conmigo?

La convención del Partido Demócrata ha abrazado con verdadero amor la causa del matrimonio gay. Mientras que en 1996 el presidente Bill Clinton rubricó la ley de Defensa del Matrimonio que lo define como la unión de un hombre y de una mujer, ahora parece que el matrimonio entre personas del mismo sexo se ha convertido en imagen de marca de los demócratas. No solo se ha incorporado a la plataforma programática del partido, sino que no hay orador de la convención que no mencione esta causa sagrada en su discurso.

Pero todavía hay ciertas precauciones de lenguaje. Casi ningún orador defendió explícitamente el matrimonio gay, sino el derecho a casarse “con quien uno ama”.  Se trasmite así un mensaje centrado en la igualdad para casarse y en la libertad para elegir con quién hacerlo. ¿Acaso va a decirte el Estado con quién te debes casar?

No, el Estado no tiene que decirte con quién te vas a casar. Pero siempre ha dicho con quién no puedes casarte, y de ahí que exista un derecho matrimonial.

Si un mormón, invocando la tradición de sus ancestros, quisiera casarse con una segunda esposa a la que amara mucho, el Estado le diría: no puedes casarte con ella aunque la ames, porque en este país no se admite la poligamia. Si uno estuviera tan entusiasmado con su hermana que quisiera casarse con ella, el Estado se lo prohibiría. Si un hombre casado tuviera un affaire con una mujer también casada y quisieran contraer matrimonio sin divorciarse de sus cónyuges, el Estado impediría esta bigamia. Si un adulto quisiera casarse con una Lolita menor de edad a la que amara mucho, el Estado le diría que no puede hacerlo hasta que ella sea mayor.

Algunas de esas posibles situaciones han sido reconocidas como matrimonio en determinados periodos históricos o culturas. En cambio, la unión entre personas del mismo sexo nunca se ha considerado matrimonio. El hecho de que el Estado no lo reconozca como tal no es nada extraño ni hace injusticia a nadie. Simplemente, el Estado no tiene por qué dar el mismo tratamiento legal a situaciones que no son iguales.

Si a la hora de establecer quién puede casarse con quién el Estado puede discriminar por edad, parentesco o número de contrayentes para preservar lo esencial del matrimonio, no es un trato injusto que pueda discriminar también por sexo.

Uno puede amar a quien quiera, sin que el Estado se inmiscuya.  Pero lo que no puede hacer es obligar al Estado a cambiar la realidad del matrimonio, para que los enamorados se sientan más a gusto.

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3 Respuestas a El Estado tiene algo que decir sobre tu matrimonio

  1. Ignacio dijo:

    He llegado a su blog a través del newsletter de Aceprensa y he leido su artículo con mucho interés. Si he entendido bien su argumento, pienso que mezcla Uds. dos cuestiones que son diferentes. Por un lado señala que puesto que el Estado discrimina en el matrimonio entre personas de diferente edad, parentesco o número de contrayentes, puede también discriminar por razones de sexo y eso no vulnera el derecho de las personas a la igualdad. Estoy de acuerdo, pero creo que ello no es un argumento en contra de que el Estado pueda reconocer el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo. No hacerlo no vulnera la igualdad pero hacerlo tampoco. En segundo lugar señala que el Estado no puede cambiar la “realidad” del matrimonio. Creo que esto es diferente de la igualdad: el matrimonio es un derecho que debe tener un contenido (un significado esencial) que debe ser respetado. Y sobre esto (y aquí vuelvo a su artículo), si la gente puede civilmente casarse con personas de un sexo u otro, y divorciarse en 6 meses, y la adopción es independiente del matrimonio, y las leyes equiparan a las parejas de hecho con el matrimonio, etc, creo que el matrimonio civil, en conjunto (y no sólo por el reconocimiento del matrimonio homosexual), empieza a tener actualmente muy poco significado y quizás fuera mejor que el Estado se dejara de historias y reconociera que en realidad no tiene nada que decir sobre el matrimonio

  2. simeón dijo:

    Perdón por intervenir, pero el autor del artículo tarda tanto en contestar que me gustaría dar mi opinión. Entiendo que Arsuaga dice que si el estado discrimina es justo mientras que el autor del comentario dice exactamente lo contrario, si el estado no discrimina es justo. No comprendo porqué el autor del comentario dice que coincide con Arsuaga. Respecto a la segunda cuestión es evidente que el matrimonio perdería su carácter público y adquiriría un carácter privado.

  3. ramon mendiburu belzunegui dijo:

    Resulta llamativo que, cuando tantos ya no creen en el matrimonio, sean los gays los que lo defiendan y que, cuando se admiten tantas especies de matrimonio, la única que ya no se protege sea el matrimonio de por vida.

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