El circo de los grados

Grado universitario en artes circensesHay tantas disciplinas ya bajo el paraguas de la Universidad que es difícil estar al día de las titulaciones. Pero reconozco que me ha sorprendido la propuesta de crear un grado en Circo, hecha por Donald B. Lehn, presidente de la Federación Europea de Escuelas de Circo (El Mundo, 9-01-2013). El circo evoca la gracia del payaso, la habilidad del equilibrista, la arriesgada destreza del trapecista, la armonía del acróbata, en fin, belleza y emoción. Pero nada de esto tiene que ver con la formación universitaria, por lo menos tal como se ha entendido hasta el momento.

Ahora parece que hace falta toda una base teórica para ser un buen artista circense. “En la formación del artista –asegura Lehn– cada movimiento aprendido está acompañado de su fundamento: la biomecánica de la voltereta, los músculos utilizados, los baremos de buena ejecución, la preparación física y los matices expresivos y artísticos”. Si esto es así, no sé como Miliki o Pinito del Oro o Charlie Rivel lograron triunfar en el circo sin este bagaje intelectual.

No hay por qué negar que sea conveniente recibir una formación específica en una Escuela de Circo, y de hecho las hay en diversos países. Pero tratándose de una formación eminentemente práctica y especializada, lo lógico es que se mantenga en un ámbito propio, más parecido a la formación profesional que a la Universidad.

Hoy día parece que ninguna profesión puede ser honorable si no está avalada por un título universitario, que ninguna enseñanza es digna de respeto si no está incluida en la Universidad. Pero no se ve qué ganaría el circo con esto. Los artistas circenses han sido gente que había aparcado los estudios para dedicarse a una habilidad que les apasionaba, gente del mundo del espectáculo, no interesados en cuestiones teóricas.

Es verdad que en un circo moderno, como el Circo del Sol, el espectáculo combina elementos de danza, teatro, música y circo. Y, en este sentido, las escuelas de circo pueden dar una visión más integradora. También es probable que si un artista de circo ha hecho un grado universitario de cualquier tipo, puede tener un plus de sensibilidad para hacer mejor su trabajo.

Pero con la integración de estas escuelas en la Universidad, me temo que se terminaría por exigir que el equilibrista haya hecho un grado en circo, si quiere subir al alambre. Y que la cátedra de trapecio daría lugar a sesudas tesis doctorales. Con esto me parece que saldrían ganando más los profesores que los artistas, y muy poco el público.

Quizá nos salve el hecho de que la propuesta del grado en circo llega en un momento en que, por exigencias económicas, las Universidades empiezan a reducir titulaciones, sobre todo aquellas –como sería la de circo– que solo pueden atraer a escasos alumnos. Si la propuesta llega a hacerse en un momento de vacas gordas, seguro que el grado en circo estaría ya implantado en varias universidades.

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Una Respuesta a El circo de los grados

  1. José Ignacio Lesaca Eseverri dijo:

    Acertado y divertido comentario del Sr. Aréchaga.

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