Abusos a menores deportistas

En el problema de los abusos sexuales a menores se ha pasado en poco tiempo del silencio absoluto a la alarma desmedida. Ahora parece como si fuera una epidemia, y hay organismos que dicen que uno de cada cinco niños es víctima de abusos, aunque no se sabe bien de dónde salen las cifras. Como suele ocurrir en fenómenos de este tipo, el mismo deseo de provocar una movilización para erradicar el abuso puede llevar a magnificar el peligro.

En cualquier caso, bienvenida sea la verdad cuando sirve para reforzar la protección de los menores. Cada vez es más claro que las situaciones de abusos se han dado en múltiples campos, tanto en las familias como en escuelas públicas y privadas, clubs deportivos, iglesias, instituciones de acogida, orfanatos y, en general, allí donde hay menores dependientes de la autoridad de adultos. Pero también es verdad que hay sectores donde se ha investigado más los abusos y donde se han tomado más medidas que en otros para evitarlos.

El próximo 21 de febrero tendrá lugar en Roma una reunión del Papa con los presidentes de las Conferencias Episcopales, para examinar las medidas tomadas desde que estalló el escándalo de los abusos sexuales a menores cometidos por clérigos, y para ver qué se puede hacer para mejorar aún más esa protección. La verdad es que se ha hecho mucho en los últimos años: transparencia frente al silencio de antes, refuerzo de las normas penales, política de “tolerancia cero”, medidas de prevención, protocolos de actuación ante las denuncias, diálogo con las víctimas, mejor selección de los candidatos al sacerdocio… También se observa que la prevención está dando fruto, ya que el número de acusaciones referidas al pasado reciente ha bajado mucho.

Al salir ahora a la luz casos de hace varias décadas y la mala gestión que entonces se hizo de las denuncias, puede dar la impresión de que es un problema específico de la Iglesia católica y que todavía está por resolver. Sin duda, aún puede mejorar el modo de afrontarlo, y la propia reunión convocada por el Papa Francisco indica esta voluntad.

Sin embargo, cabe preguntarse si en otros campos donde también se producen abusos sexuales a menores las autoridades correspondientes están actuando con más prontitud y energía. En España han empezado a airearse casos de abusos a menores en la actividad deportiva. Antiguos deportistas se han decidido a denunciar públicamente a entrenadores que, según dicen, abusaron de ellos. Ya ha habido detenciones y hay juicios próximos por casos de este tipo.

¿Se han adoptado medidas de prevención para evitar estos abusos en el deporte? Da la impresión de que casi todo está por hacer. Gloria Viseras, gimnasta española de los años 80 que denunció en 2012 a su entrenador de entonces, ha tomado la iniciativa de una campaña para afrontar este tema. En recientes declaraciones, asegura que “hay un miedo atroz a abrir esta caja de Pandora”. Denuncia la falta de continuidad en las políticas de prevención: “Los proyectos nacen y mueren, muchos sin seguimiento ni balance”. Falta “un sitio donde acudir para pedir ayuda y donde los deportistas, las familias o los entrenadores puedan encontrar asesoramiento para denunciar los casos”.

Desde el Consejo Superior de Deporte, la jefa de gabinete Conchi Bellorín, reconoce también que faltan datos y planes. “Tenemos que empezar a crear las herramientas, que hoy no existen, es una realidad. Estamos en ello”. Hay un protocolo para la prevención y actuación ante los abusos sexuales, pero reconoce que no todas las federaciones deportivas lo han incorporado. En fin, si se pusiera ese mismo empeño y dedicación en la preparación de los atletas, seguro que no habría muchas medallas.

A pesar de todo, hasta el momento no ha habido mucho interés en investigar la actuación de las federaciones deportivas en casos de abusos. En un juicio que tendrá lugar en este mes de enero contra un entrenador acusado de abusos sexuales a dos menores, se verá que, a pesar de que ya se conocían denuncias contra él desde finales de los años 80 y principios de los 90, la federación de atletismo permitió que siguiera entrenando a niños y hasta lo nombró responsable nacional técnico. Al menos, los obispos negligentes de antes se limitaban a cambiar de destino al cura acusado, pero no le ascendían.

El tu quoque nunca es una buena excusa. Pero sería interesante que otras instituciones observaran lo que está haciendo la Iglesia católica para prevenir estos abusos, pues seguro que podrían aprender algo. De lo contrario, puede parecer que el problema es mayor entre los clérigos porque se habla más de ello, cuando en realidad lo que indica es que la Iglesia va por delante para arreglarlo.

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Una Respuesta a Abusos a menores deportistas

  1. María dijo:

    El tu quoque no es una buena excusa, exacto… pero no todos los clérigos son pederastas.
    Habría que seguir investigando: Los niños y adolescentes actores, que sí hablan pero hay un gran silencio sobre ello. Quizá porque los padres de los otros miren hacia otro lado por si pierden la fuente de sus pingües ingresos.
    Las escuelas, lo mismo laicas que las religiosas, da lo mismo.
    Las parejas de las madres y de los padres que encubren o no quieren ver ni el abuso ni el maltrato de sus niños menores. El divorcio y las uniones libres están haciendo estragos en los pequeños.
    Etc.

    Un saludo y Feliz 2019

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